Congelar es empezar a ahorrar

Cuando el verano se acaba y con él la posibilidad de encontrar frutas y hortalizas frescas a buen precio o gratis, si tienes tu propia huerta. Cuanto más nos alejamos de la temporada natural de recolección, más complicado resulta el ejercicio de llenar la despensa sin vaciarse los bolsillos. Una respuesta para esta situación es practicar la llamada ‘economía a escala’ pero en versión doméstica. O, dicho de otro modo, hacer acopio de los alimentos cuando se encuentran a buen precio, para poder disfrutarlos el resto del año. Esto, sin duda, ya lo has practicado en otras ocasiones, aprovechándote de alguna oferta dos por uno,  llevándote por kilos la fruta que más te gusta del supermercado cuando su precio roza mínimos, o apuntándote a comprar una ternera o un cordero directamente al criador para ahorrarte los gastos de intermediarios.

Una herramienta indispensable si quieres optar por este método es el congelador. Un congelador, básicamente, es un contenedor del volumen que necesites (los más comunes rondan los 200 litros cúbicos) refrigerado a temperaturas que oscilan los -18 grados y que está pensado especialmente para favorecer a los consumidores preocupados por el ahorro.

Hay cuatro detalles que puedes tener en cuenta a la hora de comprar tu congelador, pero solo dos serán los que realmente te condicionen: el tamaño y la eficiencia energética.

Poco consumo, si lo usas bien. No hay cálculos oficiales, pero, de nuevo estamos hablando de uno de esos aparatos que se quedan enchufados las 24 horas, de modo que, a la hora de realizar la compra debemos mantener la cabeza fría, nunca mejor dicho, y pensar en el consumo eléctrico que estamos dispuestos a asumir. La elección de un congelador del tipo A+, A++ y superiores puede suponer un ahorro muy considerable al cabo del año con respecto a los modelos de menor eficiencia energética. Otros de los aspectos que influirán serán la capacidad del  mismo y, por supuesto, su modo de empleo, puesto que existen formas de lograr un rendimiento óptimo que normalmente no tenemos en cuenta.

Ni quedarse cortos, ni pasarse. Hablando de tamaño nos encontramos con dos vertientes: el espacio de que disponemos, y la capacidad que necesitamos. Por suerte, para ambos hay respuestas en el mercado. Lo más habitual son los modelos de arcón de entre 200 y 300 litros cúbicos de capacidad, pero de nuevo se impone la reflexión: si la familia es de uno o dos miembros, tal vez esa opción acabe siendo demasiado espaciosa y nos lleve a gastar más de lo que realmente  necesitamos, o, al contrario, si participas de grupos de consumo, o si haces matanza, tal vez los 300 litros se queden cortos y te dificulten dar el mejor congelado a tus víveres.

congelador vertical

congelador vertical

En cuanto al espacio, es posible que no te hayas planteado tenerlo en la cocina, porque lo más frecuente es contar con un cuarto aparte. Si tu caso es el contrario, mira y remira los modelos de congelador vertical, porque son una buena opción que cabe al lado de la nevera o del ‘combi’ y que responderá igual que los arcones con la salvedad de que tiene cajones, muy apropiados si congelas pequeñas bolsas, aunque debes retirarlos para ir haciendo hueco a piezas grandes.

Pídele lo básico. Sea arcón o armario, tu congelador debe tener una luz interior, para que puedas controlar adecuadamente el proceso de congelación y buscar a gusto, una vez que esté lleno. También debe tener un display o cuadro de mandos elemental, que puede ofrecerte datos sobre la temperatura de congelado, funciones cono la de congelado rápido e incluso una alarma que se enciende en caso de que falle la alimentación eléctrica. No necesitas más, pero si te buscas un modelo con el canal de desagüe hacia delante, te ahorrarás contorsiones innecesarias cada vez que toque descongelar y limpiar.

Todo irá sobre ruedas. Seguro que no habías pensado en el modo de limpiar tras un gran arcón lleno de jamones, marisco, caldos de verdura para sopas y todos los tomates que recolectaste esta temporada. Se ve que los fabricantes sí, porque algunos modelos ya vienen con ruedas incorporadas para que te manejes con comodidad. Esto es importante, no solo de cara a la limpieza, sino porque nos permite desplazar un poco el arcón y facilitar que corra el aire, tal y como recomiendan las marcas.

Lo mejor para instalar un congelador es un lugar en donde tengas espacio y que circule corriente de aire a su alrededor. También se recomienda que no estén cerca de fuentes de calor, para no obligarles a intensificar el consumo cuando están congelando. Por último, si quieres optimizarlo, revisa sus gomas y comprueba que el cierre de la tapa aísla totalmente. ¡Ah! Por cierto, olvídate de ir cada pocos días a revisar existencias: lo más recomendable es abrirlo lo justo y mantener durante poco tiempo la puerta abierta.

Con respecto al descongelado y limpieza, sigue las recomendaciones del fabricante, pero recuerda que, con más de tres milímetros de escarcha en sus paredes, un congelador convencional incrementa un 30% el consumo eléctrico para mantener el nivel de frío.

Si ya ves claro qué tipo de congelador necesitas, es el momento de elegir uno y de pensar qué será lo primero que congeles. Nosotros, por nuestra parte, no solo sabemos qué modelos te serían útiles, sino que tenemos nuestras preferencias a la hora de elegir los alimentos para congelar:

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Este es un ejemplo de productos que podemos congelar.

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